En la frontera el oficial decide si tu viaje sigue o no. Entras terra incognita, un pais nuevo donde no sabes como funcionan las cosas ni como son la gente. Te manejas solo con lo que hayas escuchado de otros viajeros y tus experiencias.
Despúes 2 semanas en Costa Rica donde visitibamos Monteverde y amigos de Lucia en San José al final ibamos a un destino que la gente siempre nos recomendaban mucho; Nicaragua. Mas barato que Costa Rica decían y con una belleza y naturaleza increíble. La nueva estrella de Centro America.
El atardecer desde la cumbre de un arbol Ficus en Monteverde y Lucía a dentro ese mismo arbol escalando hacia arriba en el arbol ahuecado.
La gente que hayan leído el capitulo Turbulencia en Rio saben que no hemos tenido muy buena suerte con los celulares en este viaje. En un dia de sol radiante ibamos hasta la frontere de Nicaragua desde Bagaces con destino San Juan del Sur.
En la frontera hubo poca gente y pensabamos que podiamos cruzar rapido; "Solo falta tres personas y podemos pasar," dijó Lucía. Elegimos la fila mas corta de todas para pasar y la gente pasaban rapidamente. Mostraban su pasaporte, les dieron el sello y listo. Una sola cosa nos llamo la atencion. Un Argentino parado al lado la taquilla con una expression de tristeza y confusion.
"Ché, que pasa?" Nos explicó que le estaban confirmando la identidad, que no sabia si iba a poder pasar o no. Los primeros nervios se sentieron en el estomoga cuando vimos la mal humorada que trabajaba justo en nuestra taquilla y el pobre mochilero al lado. Por que elegimos esa fila!?
"Tienen salida del pais?" fue la primera pregunta. "No, señora, somos mochileros," Nos miró poco impressionado diciendonos como le importaba un culo. "Cuanta plata tienen? Donde se van a quedar? Cuando se van a salir?" y otras preguntas que ni siquiera sabíamos las respuestas nosotros. "Viajamos sin planes fijos, señora," contestabamos. Tal vez no pasan muchos mochileros pensabamos y dabamos vuelta mirando a los 100 otros mochileros que pasaron la frontera enseguida.
Vino un chabón y llevó nuestros pasaportes. Lucía, ya tan enojada que le salía humo por las orejas como uno de los volcanes de Nicaragua, decía "Eso es ilegal! Mis derechos!" No sabíamos porque nos hacían esperar. Una hora mas tarde volvió con los pasaportes y nos dejaron pasar.
Al lado el ultimo estacíon en la frontera donde escanean las mochilas hay un buzón donde se puede dejar quejas y sugerencias. Lucía tenía unas cosas para decir y se pusó a escribir en la formula casi rompiendo el lapiz por puro enojo. Se dio cuenta que nadie lo iba a leer y seguíamos el viaje. Una cascada de gritos nos saludó y a los 10 segundos en Nicaragua ya nos habian ofrecido audiofones, zapatos, tours a los volcanes, lapizes, pasta de dientes, un pollo y miles de otras cosas.
Encontrabamos el colectivo que nos iba a llevar hacia San Juan del Sur. Nos acomodamos y al final podíamos relajarnos. El colectivo arrancó tranquilamente para no chocar uno de los miles vendedores ambulantes que hacen sus negocios en la frontera. Lucía buscaba algo en su mochila y no lo encontraba. Miró a Morten con un poco de panicó y un poco mas de resignación. "No tengo mi celular," dijó.
"Tenemos que salir," gritó Morten al conductor y llamó la atención de todo el colectivo. "Que les pasó?" preguntó un vendedor ambulante vendiendo tarjetas de memoria a otro vendedor vendiendo una comida inidentificable.
Se había dejado el celular en la mesita donde se escriben las quejas y sugerencias y en su enojo dejó el celu ahi. Por suerte las chicas trabajando ahi lo guardaron y nos devolvieron el celu. Un buen principio para las aventuras que nos esperan en Nicaragua pensabamos y aprendimos que el enojo afecta la memoria.
Un abrazo fuerte a vos si estas leyendo este. Vuelva a escuchar la proxima anecdota.
| "Hasta la aventura!" - Lucia Pinedo |







